Un “apartadero” de la carretera del Puerto de Tarna, casi cuando estás llegando a León (si subes desde Asturias), y un pequeño cartel que pone “Fuente La Nalona” te avisan de que estás en uno de los sitios más importantes del valle del Nalón, si no el que más. Porque, aunque tanto el lugar para apartarse de la vía, como el cartel sean pequeños y humildes, lo que estás a punto de descubrir si te bajas del coche y caminas unos 20 metros es nada más y nada menos que el nacimiento del río Nalón, que da nombre y sentido a esta cuenca minera que se vertebra a un lado y a otro de este curso fluvial, que llega hasta el Mar Cantábrico y que, en su primera etapa, pasa por los cinco concejos del valle. A saber: Caso, Sobrescobio, Laviana, San Martín del Rey Aurelio y Langreo.
La Fuente de La Nalona, de la que dice la leyenda que esconde alguna “xana” (hada del bosque, si no eres asturiano), es el inicio. Un inicio que no parece real, porque el agua se filtra a un prado, y de ahí se crea un arroyo, y de ahí… ¿Cómo puede ser que de ahí salga el pedazo de río que después crea dos embalses y que antes “afuraca” toda una montaña?

Sí, sí, así como lo oís: tan solo 15 kilómetros montaña abajo (14,7 para ser exactos) está la otra parada que os queremos enseñar de este recorrido fantástico: la Cueva Deboyu, que, además de tener una estupenda área recreativa en la entrada, es Monumento Natural. (Ojo, que, como tal, tiene su propia normativa; por ejemplo, no se puede pescar en ella ni tampoco entrar sin el permiso pertinente).
A estas alturas, muy cerca de El Campu, la capital de Caso, el río ya tiene un poco más de “forma” que en Tarna. No en vano se ha ido nutriendo de todos los arroyos que discurren por el Parque Natural de Redes y también por los acuíferos que no se ven pero se sienten. La prueba de que el río Nalón, en este punto, ya tiene su “enjundia” la encontramos en los dos pantanos que están situados 6 y 12 kilómetros río abajo: los de Tanes y Rioseco, que dan agua a media Asturias y que, allá por los años setenta, cuando se construyeron, cambiaron por completo el paisaje del Alto Nalón. También el paisanaje, ya que con estas obras civiles llegaron a la zona decenas de trabajadores y sus familias que son conocidos como “los pantaneros”. Algún día hablaremos de ellos.

El Nalón, allá arriba en lo Alto, no solo quita la sed, sino también el calor y alimenta el espíritu. Lo hace en el Puente de Arco, a cuyos pies se encuentra una pequeña área de descanso donde se toma el sol en verano y también se celebra, como si no hubiera un mañana, uno de los momentos claves del Descenso Folclórico. Y también en La Chalana o en la playa fluvial de La Coaña.

Si seguimos más abajo, hacia Blimea, Sotrondio, El Entrego, Ciañu, Sama, Lada, Barros o Frieres, nos seguimos encontrando historias. Muchas tienen que ver con la minería, con la industria, con la memoria y el pasado. Otras también con el presente y los recuerdos, como sus majestuosos puentes. Pero eso sí, eso prometemos que lo contamos otro día.
Aitana Castaño


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