La línea de ferrocarril que unía Sama de Langreo con Gijón, y más tarde Laviana con Gijón fue la cuarta de España, y una infraestructura clave para el desarrollo de la cuenca minera del Nalón.

Rebeca González

Cuando pensamos en el valle del Nalón del siglo XIX nos vemos transportados a un lugar oscuro donde, los tonos predominantes, marcados por el humo y el carbón, eran grisáceos. No es de extrañar:  por aquel entonces, cielo, tierra y río compartían los mismos colores, todos ellos contaminados por la intensa actividad minera.

Las posibilidades de desarrollo de la minería de carbón en el valle eran enormes, pero condicionadas por un solo aspecto: el transporte. El primer intento de conectar las minas con la costa fue en 1842, con la inauguración de la Carretera Carbonera —nombre que a día de hoy sigue llevando muy orgullosamente la carretera que va desde Riaño hasta Gijón—. Sin embargo, pronto se comprobó que este medio de transporte era ineficiente y encarecía el coste del carbón de manera que no resultaba rentable. Es por eso que un estudio llevado a cabo en el 1843 dictó que la única forma de que la explotación minera en el valle fuera provechosa era transportando el producto en ferrocarril.

Fábrica de La Felguera, Langreo

Manos a la obra, pues. En 1847 se comienza a construir la línea, y aunque su inauguración oficial data de 1852, no sería hasta el año 1856 cuando se completaría el tramo Gijón – Sama de Langreo.

Inauguración del ferrocarril a Langreo, Jenaro Pérez Villamil, 1852

La del ferrocarril de Langreo es considerada una de las primeras grandes obras de la ingeniería moderna de Asturias, por su dificultad de construcción, con túneles, puentes y viaductos. Tanto es así, que la reina madre María Cristina de Borbón preguntó en la inauguración si los raíles “eran de plata”, ironizando sobre el coste de las obras.

Pese a los obstáculos que enfrentó, las mejoras en la red ferroviaria concedieron grandes beneficios a nuestro valle, dinamizando la economía y atrayendo a empresas como Unión Hullera y Metalúrgica de Asturias o Carbones de La Nueva.

No existe un museo dedicado a la historia de este ferrocarril, aunque aún podemos observar los vestigios vivos del paso del tren por la zona. Muestra de ello son estaciones como la de La Oscura en El Entrego, que data del año 1885 y es, junto con la de Sotrondio —actualmente utilizada como vivienda—, la más antigua que se conserva.

En este artículo de Julio J. Llera, profesor de Geografía e Historia y técnico en Patrimonio Histórico y Territorial, podéis encontrar una guía perfecta para descubrir lo que queda de nuestro querido ferrocarril.

Estación La Oscura, El Entrego, SMRA

Aunque hoy en día el tren ya no transporte carbón (y que casi ya no podemos ni verlo gracias al soterramiento), podemos seguir las huellas de su historia, bien a través de los edificios directamente relacionados con él que se conservan, bien a través de la historia de las empresas que se instalaron en el valle gracias a la máquina.

Recorrer las estaciones que aún se mantienen en pie es también una forma de viajar en el tiempo y de entender cómo las cuencas mineras se abrieron al mundo.

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