Tan a simple vista que a veces las pasamos por alto, las bocaminas son el primer capítulo de la minería en el Valle del Nalón.

Rebeca González

Las bocaminas eran la puerta de entrada al mundo subterráneo: túneles que conectaban el exterior con las galerías y por los que, día tras día, entraban y salían los mineros. Eran, sin embargo, uno de los puntos más frágiles de la explotación, por lo que se reforzaban para evitar desprendimientos, convirtiéndose en algunos casos en auténticas portadas donde las empresas dejaban su sello.

Aunque muchas cayeron en desuso a mediados del siglo XX, hoy son un testimonio tangible de nuestra historia minera y auténticos símbolos de patrimonio industrial y cultural.


Vamos a hacer un recorrido por las bocaminas mejor conservadas y que, en mi opinión, son las más interesantes, ya sea por su historia o por su estética.

Bocamina La Justa

Bocamina La Justa (Peña Rubia, Langreo)

Hacia 1854, un grupo de inversores creó la Sociedad La Justa, con concesiones en las parroquias de Turiellos, Lada, Barros y Riaño.


Esta sociedad, junto con Adolfo D’Eichthal y Cía. y Carbones de María Luisa, acabaría fusionándose para dar lugar a la Unión Hullera y Metalúrgica de Asturias, bajo la dirección de Luis Adaro, que impulsaría mejoras como el arrastre por caballerías y vagones sobre carril.

Socavón Isabel

Socavón Isabel (Ecomuseo Minero Valle de Samuño, Langreo)

Propiedad primero de los hermanos Felgueroso y más tarde de Carbones La Nueva, este socavón era el segundo piso de las minas de montaña de la empresa, justo por encima del socavón Emilia. Ambos servían para transportar el carbón y conectaban con el pozo San Luis, funcionando como vías de enlace.

Bocamina La Trechora

Bocamina La Trechora (Ecomuseo Minero Valle de Samuño, Langreo)

Punto de partida del ferrocarril de Carbones Santa Ana —más tarde integrada en la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera—, que permitía trasladar el carbón hasta la estación de Langreo, en Sama, mejorando la conexión con el valle principal.

Bocamina Prau Molín

Bocamina Prau Molín (Santa Bárbara, San Martín del Rey Aurelio)

Ubicada en Santa Bárbara, esta bocamina es un verdadero símbolo para los habitantes de la parroquia, como demuestran los numerosos monumentos levantados frente a ella.


Es uno de los ejemplos de mayor tamaño que podemos encontrar, debido a la gran producción que sostuvo durante el siglo XX.

En su cabecera aún se pueden verlas letras D.F. (Duro Felguera) y el año de su construcción.

Bocamina La Sota

Bocamina La Sota (Carrio, Laviana)

Esta bocamina está marcada por un trágico episodio: el accidente ocurrido el 28 de mayo de 1924, en el que diez trabajadores fallecieron por inhalación de monóxido de carbono. Sus nombres pueden leerse hoy en la placa ubicada al lado del acceso, que rinde homenaje a estos hombres.

Estos son solo algunos ejemplos de las docenas de bocaminas que salpican todo el valle del Nalón, algunas escondidas entre la maleza y el olvido.

Descubrirlas es una auténtica aventura y un ejercicio de memoria que vale la pena realizar. Cada una tiene su propia historia y su estética particular, pero todas comparten algo: son los primeros pasos del gran legado minero de nuestro valle.

¡Anímate a descubrirlas todas!

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